Sopla enojado el céfiro furioso,
abre los salones del viejo museo,
estruja ventanas y ríe con aliento a
hojas.
En las escaleras bailan los papeles,
junto con las flores que arrancó
el otoño,
y el viento sigue,
agitando a la dama de organdí,
que desde su cuadro, observa
al intruso
en su ir y venir.
La cortina de damasco se mueve
coqueta,
levantando polvo de su trama gris,
desde un marco oscuro, una dama
elegante
de vestido rojo, se quita el sombrero,
se queja del soplo que mueve su velo
y mira a un moreno de bello perfil.
La reina de España en caro tapiz,
se agita y pregunta:
¿Quién es ese inculto,
que quiebra mi paz y eriza mi pelo?
Alguien le responde; el viento
señora.
¡Cierren las ventanas! Grita enfurecida,
del este y oeste, del norte y del
sur.
El museo se aquieta y los personajes
vuelven a su mundo de calma y de paz.
Tras de los cristales, el mira burlón;
ya verán mañana, les dice sonriente
volaré cual bandera, besaré sus caras
y tras de los oleos, vuestro
corazones
gemirán de amor.