Un canto llega,
es el viento que llora.
Guitarra triste.
Sin rumbo fijo
se pierde calle abajo
va tras tus pasos.
El horizonte
se ha pintado de luz
te extraño tanto.
Un canto llega,
es el viento que llora.
Guitarra triste.
Sin rumbo fijo
se pierde calle abajo
va tras tus pasos.
El horizonte
se ha pintado de luz
te extraño tanto.
CORAZÓN
Corazón hecho añicos,
quién unirá tus piezas
y logrará que vuelvas a latir por amor.
QUIÉN.
Desde que rincón llega
un sonido de campanas.
¿Quién festeja?
Si afuera
es invierno y yo estoy llorando.
MÚSICA.
Una guitarra lejana
trae sonidos de una zamba,
sólo yo la escucho
y es mi
corazón el que canta.
FRAGILIDAD.
Tu corazón de arena
se deshizo en mis manos,
tan fuerte que parecía
tan frágil que resultó.
No tengo memoria de otro cielo,
de otro verde, de otras rosas,
racimos rojo de primavera,
hasta el quejido del viento
que en septiembre asola,
es único para mí.
Es absurdo este amor,
a la tierra de uno, al país que heredé,
como heredan las flores
su perfume y color.
Hay ladridos de perros voraces,
que intentan beberse
hasta la última gota de sangre
de los inocentes.
Y a pesar de eso,
los jacarandás alfombran de lila las veredas,
y un resto de ilusión, vuela con la abeja
a buscar la miel más pura.
Hay un mundo nuevo,
tratando de nacer entre las espinas
y un corazón materno canta a lo lejos
un trino de esperanza.
Recoge las rosas mientras puedas,
que el invierno se acerca,
con viento de polvo y
arena.
Llega bordeando el río
embriagado de hojas,
estremecido de brisas heladas.
Recoge las rosas mientras puedas,
antes que sus pétalos,
se deshojen en tu piel
y solo quedé su perfume,
como un recuerdo de que ayer fue verano.
Sinuosas formas toma el paisaje,
Valles, sierras y como una herida,
abriéndose camino,
aparecen ellas; las vías,
y un tren que aparece por las mañanas,
raudo, cortando el aire
y anunciando la vida.
Va acercando el horizonte,
uniendo pueblos entre casas perdidas,
solitarias costumbres
que alguien elige para borrar sus penas.
Cada morada es un punto,
rodeado de árboles y alejado del mundo.
¿Por qué tanta soledad?
sin un río que murmure,
sólo la música de las hojas,
temblando en los árboles,
el viento y el tren,
que despiertan al silencio.
Pequeño amor que cabes en mi mano,
eres pájaro y debes volar,
no te ates a mis luchas, ni a mis miedos,
mira el horizonte, abre las alas
y vuela, el espacio es tuyo,
la vida y el futuro te pertenecen.
Buenos Aires tiene cosas raras.
Cuando camino por las veredas de ciertas calles,
en noche
melancólicas,
llenas de oscuros laberintos
cierro los ojos, escucho,
cosquillea el sonido en mi oído,
de un tranvía que
avanza por Triunvirato,
no lo digo a nadie,
me creerían loca,
la campanita de la parada suena clara,
abro los ojos y todo vuelve a la realidad,
motos, colectivos y gente apurada.
Es mi imaginación,
debe ser de tanto oírlos,
relatados en noches de lluvia,
que los cuentos de mi abuela toman vida.
Los tranvías desaparecieron hace décadas.
¿Por qué escucho ese
traqueteo
sobre vías que no
existen?
Un viejo diarero me contó
sobre los fantasmas de Buenos aires,
ellos siguen viajando en tranvía,
entran y salen de los cines de Lavalle,
que se perdieron en el tiempo.
Suelen caminar por calles empedradas,
y se divierten en el Italpark.
Jura que él los ha visto y que en los viernes de lluvia,
al llegar la medianoche,
el agua los hace visibles,
desaparecen los edificios de cristal y cemento
y un mundo antiguo
resurge desde el fondo de la tierra.
Historias locas, que nadie cree,
ni yo en mis horas más dormidas,
pero, juro que una noche,
subiré a ese tranvía y veremos hasta dónde me lleva,
temo que si sigue por triunvirato,
me deje en la quinta
del Nato.…
Para los que no conocen B. Aires, los tranvías
desaparecieron en la década del 60, los cines de Lavalle también, y la calle
triunvirato termina en el cementerio, al que le llaman la quinta del ñato.
Callejón oscuro de un pueblo olvidado,
ni un alma circula, ningún trasnochado,
borracho de vino, te cruza cantando.
Silencio en tu calle,
sólo los fantasmas de un tiempo lejano,
invisibles pasan,
solo yo los veo,
bajo las farolas que bañan las casas,
de gris y plateado.
La primavera
limpia las hojas caídas,
su luz alegra.
Lleva el perfume
la brisa juguetona,
ríe entre las flores.
Los médanos cubren el paisaje,
Dibujan las caderas de una
mujer.
Más allá,
el horizonte es una línea,
entre el cielo y el mar.
Suspiro de espuma
entre las curvas sinuosas
llegan y se alejan
capricho del viento
jugando con él.
En la casa arden los maderos,
el olor a mar entra por los
resquicios,
mundo especial,
reino de los leños.
La arena se levanta
escala el aire,
velo de escarcha
que apaga el paisaje
y se proyecta contra los cristales.
Es invierno
su perfil es crudo.
Quiero cerrar la puerta
de esta casa imaginaria,
que regresen los pájaros
que la vida habite en libertad
y el silencio no exista.
la irisada luz solar baña,
flores y mariposas,
ellas no saben, no imaginan,
como alegran mis tardes.
Ellas viven como vive el río,
que corre sin que nadie lo mande,
o como la calandria,
que desgrana al atardecer,
su canto dulce en el envejecido ciprés.
La flor nace cada primavera,
cada una en un milagro,
que se anuncia con un brote
y será planta y la planta flor
y el gusano mariposa,
y el círculo no
termina,
mientras haya pájaros
que lleven semillas,
la lluvia bendiga
y la llave maestra siga funcionando.
Negra noche, negra calle,
charcos abandonados
y un farol con presunción de
luna,
te baña de plata y espía
ventanas.
Veredas gastadas
con brillo acerado,
un manto silente, helado y
vació
va cubriendo el espacio.
Negra noche, negra calle,
Ni un gato maúlla.
las gasta, les bebe
el poco color que les queda.
¿Quién las ha olvidado allí?
Tan solas, tan sin esperanzas.
Alguien las abandonó,
quedaron encerradas, vacías de vida,
sin pájaros, ni mariposas, viejas flores,
ni lágrimas tienen para llorar.
Cada suspiro, hace mi pecho de algodón.
Las mariposas juegan con las zinnias,
todo es efervescencia
y el sol una caricia.
Detrás de los pinos vuelan las
palomas,
círculos grises buscando una
brisa
que las lleve sin esfuerzo, casi planeando,
al país de las migas de pan.
Y la tarde pasa, ella también
se va,
no se adonde,
lo que sí sé, que no volverá,
llegará otra, luciendo tal vez
un sol tibio
y mis manos hoy heladas,
cobraran calor.
Hay recuerdos que no voy
a borrar,
personas que no voy a
olvidar.
Hay aromas que me quiero
llevar
y silencios que prefiero
callar.
“Brillante sobre el
mic”. Canción de:
FITO PAEZ.
La vida tiene pequeñas cosas
que nos alegran,
las palabras de un amigo,
una sonrisa, una canción,
el poema que encontramos en un libro
y que recuerda días
de amor y felicidad.
Pequeñas alegrías que al llegar,
pueblan nuestra memoria;
imágenes, sueños lejanos e inocentes,
que se presentan, crecen, se adelgazan,
hasta terminar en una sonrisa.
Pequeñas momentos familiares,
el aroma de las comidas de mi madre,
sus manos aferradas a mi brazo,
caminando sobre la arena de la playa,
su risa que no voy a olvidar,
las rosas de su jardín,
su amor incondicional
por mi hermano y por mí.
Pequeñas cosas, que hicieron mi vida,
la amasaron, la formaron
y que hoy regresan,
sin saber por qué, y se hacen poesía.
Anoche te soñé,
y en la visión lejana de tu presencia,
el calor de tus manos rozó mi cara,
fue tan real, tan deslumbrante y claro,
que desperté al sedoso roce.
Solo me alumbraba la luna
y me descubrí plateada
en el encantado centro del espejo.
Quisiera,
quisiera tantas cosas
no podría enumerarlas.
Beberme tu mirada,
Quedarme en tus ojos,
Como esas imágenes que no se olvidan,
guardarte en mi corazón,
para que la aridez sombría,
no me gane la vida.
Niña descalza
Juegas con la espuma
Te besa el sol.
Vestido blanco
Flores en tus manitas
Pequeña bella.
Pintor: Joaquín Sorolla. Imágenes copiadas del Blog: "ANGELES Y ROSAS".
Gracias Carolina.
https://angelesyrosas.blogspot.com/
Azules cielos
Otoño, sol dorado
Hojas que vuelan.
Viento apurado
Juega, entre los árboles
Barre mis sueños.
¿Cuándo comenzó la despedida?
Tal vez fue aquel domingo,
Ese, que fuimos hasta el río,
era octubre y las rosas caían deshojadas;
vencidas por el agua y por el viento.
O fue aquella tarde en Mar del Plata,
que te fuiste con tu
enojo,
sin mirar atrás, sin ver mi llanto
y me quedé en la playa,
hundiéndome en la arena
las olas furiosas intentaban,
hacer de mí, una Alfonsina eterna.
A veces uno se equivoca
y yo me he equivocado tantas veces,
que recién ahora comprendo
que nuestra despedida
se inició al conocernos.
A veces te recuerdo papá en la casa de la infancia. Regresa tu imagen la tranquilidad de los domingos entre tus discos de tang...