El patio es un espejo.
refleja un ficus quieto, dolido.
El cielo gris se derrama
en lágrimas de otoño,
y yo no puedo llorar.
No soy nube, ni río.
Solo me habita la aridez
del árbol talado
que sueña con brotar
y no recuerda cómo.
El patio es un espejo.
refleja un ficus quieto, dolido.
El cielo gris se derrama
en lágrimas de otoño,
y yo no puedo llorar.
No soy nube, ni río.
Solo me habita la aridez
del árbol talado
que sueña con brotar
y no recuerda cómo.
El barrio ha cambiado
No hay gritos de chicos
jugando en la vereda.
Ni vecinas barriendo
las hojas del otoño
entre charlas y saludos.
Hay un miedo callado
Trepando por los árboles
Miedo que nadie ve
Pero sabemos, existe.
Cambió el barrio
Cambiamos todos,
somos más viejos
algunos ya no están
subieron al tren
de los sueños perdidos
se adelantaron en el viaje
apurados por llegar
quién sabe adónde.
¿Elegir nuevos amigos?
¿Otras amigas?
¿Dónde…?
Ellas tenían mi historia
Mis risas, nuestras risas
Recuerdos de tardes vividas
De mates compartidos
Entre confidencias
Y a veces lágrimas.
Cuando la nostalgia llega
hablo con ellas
Paso por sus casas
Tan solas tan vacías
¡Pucha, que apuradas…!
Quedaba tanto por hablar.
Es primavera
una luz diáfana
baña la mañana
a pesar del frío.
Quisiera estar cerca del mar
contemplar el oleaje,
el viento y el grito de las gaviotas.
Extiendo las manos
y encuentro la nada
solo mi imaginación.
Por la
ventana,
entran y
salen los sueños
son parte de la vida,
no
terminan de irse,
se
detienen en el balcón
y en coro
cantan
a una
luna con forma de cuchilla.
Mi
angustia confunde su lamento,
con notas
musicales
acompañadas
por el celo
de algún
gato noctambulo
aullando
en los tejados
un pentagrama
musical
tejido
con hilos de colores,
mientras el insomnio,
crepita
en mi
y los
sueños
siguen
entrando y saliendo,
en un
duermevela
que no ya no canta,
solo, se ríe de
mí.
Cruza la pampa
Se enreda en los sauces
Juega sobre el rio
Y agita los juncos.
Es soberbio y sabe
Que despierta miedo
Se cierran las puertas
Cuando él asoma.
Desde el sudoeste
Arrasa con furia
Pampero que silba
Y deja su sello.
Viento salvaje
tierra del camino
por eso te llaman
Pampero Argentino.
Amanece que no es poco
Y yo no pude dormir.
Un perro ladra y se pierde
Su lamento calle abajo.
Un bocinazo, una sirena
Un grito que la noche lleva
Y el sueño que como el tiempo
Se escapa por la ventana.
Sueño y tiempo, se divierten
Es misterioso el juego
Que hoy, pronto será ayer
Y el amanecer ya no es mañana.
Por la ventana abierta
Una sombra entró curiosa
girando cual remolino
Elevó un suspiro
Y se alejó llevando
Mi tesoro más querido.
Hay sueños que nos engañan
Y sombras que son ladronas
entre mis manos vacías
Ha quedado el remolino
Que huele a menta y a rosas
De un verano ya perdido.
Cuando los ángeles lloran
Llueve en Buenos Aires
Desaparecen los gorriones
La ciudad los busca
Y ellos navegan
En barquitos de papel
Saltan las alcantarillas
Y viajan a un mundo sin cemento
Donde los árboles tienen nidos
De luna y algodón
Los gatos les cantan serenatas
Y las jaulas no existen.
Es que los gorriones de Buenos
Aires
Son el sueño de un bardo medieval
Que se volvió loco de amor
Y los hados le regalaron alas
Y un gorjeo cantor.
Armonía
es un verso
de
Alfonsina
que
recuerda una tarde
y
una playa lejana.
Armonía,
es
una Iglesia
en
silencio profundo
y aroma de cirios e incienso.
Armonía
es mi sillón
y
un libro,
es
un atardecer,
son los pinos alineados,
desmayándose
en un cielo
gris
y rosa.
Es
el silencio buscado,
en
el ocio de un domingo.
Armonía
eres tú,
cuando
te sientas a mi lado
y
callado me abrazas.
Poema reeditado.
Júrame,
que tu voz,
será suave caricia en mi oído.
Que las palabras de amor no volarán
como aves inquietas.
Y si está pasión no resulta como soñamos
viviré para olvidarte.
Guardare tu recuerdo bajo llave
y entonces seré yo quien jure
que te he olvidado.
Se fue un suspiro, cruzó la calle
Y llegó a tu lado,
Tu sonrisa fue un regalo
Pero no me anime, seguí mi
camino.
Mi alma se llenó de piedad
Por vos y por mí,
Por el tiempo perdido que ya no
recuperaremos.
El viento costero me lleno la
boca de hiel
la arena castigó mi cara
me costaba respirar.
Dónde fueron aquellos años,
En qué recodo del tiempo
seguirán existiendo esos días
quién emulara mis besos
qué manos recorrerán tu espalda,
qué es el amor y dónde está
lo olvidamos, lo perdimos,
lo dejamos morir y hoy…
lo lloramos.
El sol en el lago,
dibuja diamantes guiñando sus ojos
Una mano invisible juega
Palpita en
el agua
Partícula
fugaz,
Cristal
viviente
elegía de la
tarde
corazón
escondido
que me llama
y no respondo.
Dicen los
aldeanos
Que en el
fondo del lago
Hay un tesoro
escondido
Que es un
prodigio
Bajo la masa
de arena y algas
No hay oro
ni joyas
Ni cristales
que descifren verdades
Es el final
de las lágrimas
El tesoro es
una llave que conduce
Al país
donde las búsquedas terminan,
en el,
crecen todas las verdades
cada tanto
el sol las eleva
Y ellas son
las luces que titilan
sobre las
aguas del lago.
Puerto con barcas color naranja
Nubes que se bañan en el mar
Viento salobre que trae aromas
De pescado, de aceite, de besos perdidos
De madera reseca al sol
Y un rumor de voces susurran canciones
Entre los sones de un acordeón.
Danzando entre los canastos
La gaviota busca un suave manjar
Su vuelo planea, se aleja, regresa
Su infinito universo termina en el mar.
Tardes de invierno, soledad en el puerto
El sol se oculta, las barcas bailan con el oleaje
Intentan partir, no pueden,
Esclavas del muelle
Como el hombre al amor,
Con la inocencia del que espera y sabe
Que mañana, aunque parecido
Nada será igual.
Hay un susurro De guitarra lejana Canción surera Melodía añorada Que dura lo que un beso. Del cerro llega Ágil y melodiosa Canción surer...