Atardece sobre un juego de cartas
imagino fresias amarillas en el as de oro
la poesía juega con el dos de espada
los versos saltan del cuatro de basto
al siete de oro,
el tedio junta polvo
en el as de copas
y el solitario inconcluso
le da paso a un poema
que remonta vuelo
quedan atrás las cartas
y la tarde se hace noche
tras la ventana.

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