Bajan las aguas
urgentes hacia el cauce
con hojas muertas
mientras corre el torrente
el río al sol espera
Bajan las aguas
urgentes hacia el cauce
con hojas muertas
mientras corre el torrente
el río al sol espera
Buenos Aires, la lluvia
y la gente que pasa apurada,
me empuja, no me ven.
¿Seré real…?
Yo misma lo dudo.
Es verano y el viento me estremece.
Hay furia en el agua
cae y lástima.
Cambia a la ciudad, la entristece
la vuelve gris
parece dormida, ausente.
Ella que es tan hermosa
cuando la besa el sol
y las hojas de sus árboles brillan
sus flores alfombran las veredas
perfumando el aire.
Hoy la lluvia la ha cambiado
es una dama sin amor.
Necesita un beso de sol
la caricia atrevida de un verano porteño
que le devuelva luz
a su belleza dormida.
Comenzó sin
darme cuenta
Y de pronto,
fui un pájaro sin alas
Un puñado de
miedo
Las calles
de siempre me quitaban el aire
Me rodeaban
de sombras
Y no eran
las calles, era yo
Era el temor,
desconocido y ladrón
Que se
pegaba a mi piel con sufrida lentitud
Y me
apretaba el pecho, hasta ahogarme.
Y resurgí
como el árbol talado
Que brota
desde el suelo
No estuve
sola, hubo manos, voces
Un mundo
blanco que me renovó
Me devolvió
la vida y la fe en mí.
Hola a todos.
Debido a un problema de salud, he
dejado mi blog en descanso.
Si mi corazón se porta bien, en febrero
del 26, retornaré.
Les deseo unas Felices Fiestas y
un generoso año 2026.
Cariño y bendiciones.
María Rosa
¿Qué soñé, qué busqué?
Dónde fueron mis quimeras
imaginadas bajo una luna curtida
en un pasillo angosto
tan oscuro como la noche.
Qué fue de aquella niña
que escribía versos
sin saber hacerlo
y soñaba con un mundo feliz
que se perdió con la inocencia
entre la irrealidad y la vida.
Solo fue un juego de ajedrez
que no pude ganarle al destino,
hoy miro atrás y
no sé si perdí la partida
tampoco si gané, solo viví.
Lo he visto en las noches
simulando formas infinitas,
noches en que la luna
es una ventana iluminando la ciudad.
Acostumbra a extenderse
por las calles vacías
y trepar a la torre de la Iglesia,
luego llega hasta la plaza
entre las tinieblas del pino
y el perfume del jazmín,
se dilata como una hiedra oscura,
disfruta convirtiendo mi vigilia en un infierno.
Y cuando el primer rayo de sol recoge las sombras;
él actúa como un amante necio,
que desaparece de pronto
y deja el cuerpo tiritando de frío.
El patio es un espejo.
refleja un ficus quieto, dolido.
El cielo gris se derrama
en lágrimas de otoño,
y yo no puedo llorar.
No soy nube, ni río.
Solo me habita la aridez
del árbol talado
que sueña con brotar
y no recuerda cómo.
El barrio ha cambiado
No hay gritos de chicos
jugando en la vereda.
Ni vecinas barriendo
las hojas del otoño
entre charlas y saludos.
Hay un miedo callado
Trepando por los árboles
Miedo que nadie ve
Pero sabemos, existe.
Cambió el barrio
Cambiamos todos,
somos más viejos
algunos ya no están
subieron al tren
de los sueños perdidos
se adelantaron en el viaje
apurados por llegar
quién sabe adónde.
¿Elegir nuevos amigos?
¿Otras amigas?
¿Dónde…?
Ellas tenían mi historia
Mis risas, nuestras risas
Recuerdos de tardes vividas
De mates compartidos
Entre confidencias
Y a veces lágrimas.
Cuando la nostalgia llega
hablo con ellas
Paso por sus casas
Tan solas tan vacías
¡Pucha, que apuradas…!
Quedaba tanto por hablar.
Es primavera
una luz diáfana
baña la mañana
a pesar del frío.
Quisiera estar cerca del mar
contemplar el oleaje,
el viento y el grito de las gaviotas.
Extiendo las manos
y encuentro la nada
solo mi imaginación.
Por la
ventana,
entran y
salen los sueños
son parte de la vida,
no
terminan de irse,
se
detienen en el balcón
y en coro
cantan
a una
luna con forma de cuchilla.
Mi
angustia confunde su lamento,
con notas
musicales
acompañadas
por el celo
de algún
gato noctambulo
aullando
en los tejados
un pentagrama
musical
tejido
con hilos de colores,
mientras el insomnio,
crepita
en mi
y los
sueños
siguen
entrando y saliendo,
en un
duermevela
que no ya no canta,
solo, se ríe de
mí.
Cruza la pampa
Se enreda en los sauces
Juega sobre el rio
Y agita los juncos.
Es soberbio y sabe
Que despierta miedo
Se cierran las puertas
Cuando él asoma.
Desde el sudoeste
Arrasa con furia
Pampero que silba
Y deja su sello.
Viento salvaje
tierra del camino
por eso te llaman
Pampero Argentino.
Amanece que no es poco
Y yo no pude dormir.
Un perro ladra y se pierde
Su lamento calle abajo.
Un bocinazo, una sirena
Un grito que la noche lleva
Y el sueño que como el tiempo
Se escapa por la ventana.
Sueño y tiempo, se divierten
Es misterioso el juego
Que hoy, pronto será ayer
Y el amanecer ya no es mañana.
Como un arco iris Aparecen las fresias Todo perfuman. El aire sonríe En septiembre se encienden Lucen bonitas. A...