Tiempo marchito
Es un poema olvidado
Amor de infancia
Fue la ilusión primera
Que el olvido llevó.
Deshojando emociones, nacieron estos poemas... "Poesías sin cuento"..
Después de la lluvia
tu voz se perdió en el aire
suave, como una plegaria
la olvidaron mis oídos
fue caricia de hoja perdida
volando sin rumbo
como un beso que muerde sin dolor
ingrato el tiempo, todo lo diluye
lo lleva y nos miente
que nuevos sueños volverán.
El cuadro esta quieto
y sin embargo,
hay movimiento en él
entre colores esfumados
rumor de noche
galope furioso que se
adivina
las orejas como lanzas
y los belfos trémulos
musculo y nervios tensos.
El relieve los separa,
el viento los lleva
aunque ellos no me ven
imagino, me presienten.
Van a escapar de la imagen
por un campo plateado
entre sauces y sombras.
Se pierde la noche, amanece;
La luz todo lo cambia,
al fin,
yo soy el cuadro y mi mente la
pintura.
Busqué en el ayer
Un retazo de alegría
Y de tanto buscar
Encontré tu recuerdo
Abandonado y triste
Como un vestido viejo
Como un tango olvidado
Que a nadie interesa.
Y quise buscarte
Y solo encontré; nostalgias
El bar había cerrado
Los amigos no estaban
el barrio era otro
y yo no era la misma.
Y me fui caminando
Por la misma vereda
Sin contar las baldosas
Que juntos caminamos
Fue lo único, que no había cambiado.
SEDA
Seda ocre, seda blanca,
seda que se hace sonido,
entre cuerdas de guitarra,
seda de pueblo dormido.
Seda cruda sin color,
en la mano del mendigo,
que se va haciendo jirones
por abandono y olvido.
Seda de luna nueva,
anochecida de frío,
que titila en soledad,
sobre la seda del río.
Seda de color incierto,
grises pájaros de olvido,
que se duermen en la plaza,
sobre los sueños perdidos.
Los poetas de Buenos
Aires,
no se mueren.
Se les regala la gracia,
de seguir deambulando
por las noches,
buscando un resto de
arrabal
o se sientan en el
cordón de la vereda
y silban bajito un
tango.
Caminan buscando
esquinas con ochavas
donde algún malevo
Borgiano
se despierta en el
silencio del pájaro dormido.
Los poetas que amaron
Buenos Aires
siguen escribiendo
poemas de amor,
y dibujan corazones
rotos
en servilletas de papel,
sobre la mesa de un
noctámbulo bar
que huele a madera y
ginebra.
Y cuando amanece,
entre bocinas y aroma a
café con leche,
se desvanecen, con el
primer rayo de sol.
Será por eso, que en
las mañanas,
por la Av Corrientes o
por Guardia vieja,
se escuchan tangos que
hablan de amores perdidos.
Y los caminantes,
sonríen
y a pesar del apuro, de
la nostalgia,
del invierno, de la
humedad,
la ciudad sigue tan
linda,
tan mujer, tan alegre y
perfumada.
Tiempo marchito Es un poema olvidado Amor de infancia Fue la ilusión primera Que el olvido llevó.